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jueves, 19 de enero de 2012

YO LLAMO A LA PUERTA, SI ME ABRES...

 





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Yo llamo a la puerta, hoy
en el año 2016, si me abres, entraré
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Yo no puedo abrir tu puerta si tu no quieres 
la llave está hacia adentro.-

(Apocalipsis 3,20)
“YO LLAMO A LA PUERTA”
Si alguien me abre, entraré y cenaré con él y él conmigo
(Apocalipsis 3,20)

Alguien golpea a la puerta de la casa a la media mañana, el señor atiende, y la esposa pregunta: ¿Quién es?
“Es Jesús, querida, dice que quiere comer hoy con nosotros”.

Se llenaron de gozo y le hicieron pasar, lo acomodaron en la sala, conversaron, los niños seguían jugando en el patio sin saber aún lo que pasaba.

¿Quién no se sentiría honrado - gozoso si a su casa llamara un personaje tan importante como Jesús, que desea compartir su mesa?.

Esta visita no es como otro personaje también honorable que te va a visitar, como el Presidente de la república, que le dirías: ¡Pase Ud.- Qué se va a servir, whisky, vino o cerveza.

Pero no, se trata de Jesús, que conoce tu interior, tus pensamientos le trataríamos de una manera especial, con delicadeza.
Pero si estuviésemos con la conciencia no muy limpia, no nos gustaría su presencia.
Quizás no nos convenga, y pensaríamos, qué es lo que quiere Jesús en mi casa. Este, algo se trae entre manos, algo debe querer decirme, y hasta quizás me pondría preocupado, porque me va a descubrir.
Sería como cuando llamara a la puerta la policía, miramos primero por el ojo mirador de la puerta, y diremos: “Pero qué es lo que quiere la policía en nuestra casa, yo no hice nada malo”.
Jesús, siempre quiere algo de nosotros, es para nuestro bien, y llama a nuestra puerta.

ZAQUEO, el hombre del Evangelio, pecador, que robaba al pueblo con el exceso de los impuestos, se habrá sentido ya con la conciencia intranquila, pero no contaba con el coraje necesario para realizar un cambio de vida, necesitaba una fuerza interior para hacer algo que le diera paz a su alma.

Cuando escuchó por el murmullo de la gente, que Jesús andaba recorriendo por ahí cerca.
Zaqueo quería verle bien a ese tan comentado “personaje”, de quien Ya había escuchado hablar que realizaba milagros, y perdonaba pecados.
Pero le obstaculizaba la visión la gente que rodeaba y seguía a Jesús. Quizás deseaba que le sane su alma.
Y subió a un árbol por donde iba a pasar, para verle mejor. Al pasar Jesús a su lado quien conocía bien sus sentimientos, le llama y le dice: “Bájate Zaqueo que hoy quiero comer en tu casa”.
Habrá sido grande su sorpresa, porque Jesús debía haber abandonado a toda esa gente que le seguía, nada menos que para entrar en la casa de Zaqueo el pecador.
Este gesto de Jesús le impresionó. El hecho de haberse interesado por su persona pecadora, un hombre Santo, fue ese, el impulso que necesitaba, para hacer lo que antes no se animaba, cambiar su vida por completo, espiritualmente, y socialmente. Quedarse en paz consigo mismo y con la sociedad.

No siempre habremos de estar tan limpios de conciencia, hasta con el pensamiento se peca, y no se le da importancia. Y se escucha decir a muchos: “yo nunca hice nada malo”. Quizás tampoco hizo nada bueno en especial.
De esta manera, al decir o creer que uno es bueno, acusa a Jesús de mentiroso, ¿quien puede atreverse a desmentir a Jesús? - “Él dijo: No hay justo ni aún uno, - Que tire la primera piedra, el que esté libre de pecado”,

Esta afirmación es una irrefutable acusación de Jesús hacia nosotros.
Las palabras de Jesús es palabra de Dios. Dios infinito. Que sabe “cómo, dónde y cuando”, y cuantas veces hemos pecado. Inclusive de lo que nosotros no sabemos que había sido pecado, pero hay muchas cosas de lo que sí, sabemos y recordamos, pero simplemente no lo consideramos una ofensa ni a Dios ni al prójimo.

Entonces, Jesús llama a nuestra puerta, de nuestro corazón, quiere entrar para conversar, y dejar en claro algunas dudas, quiere entrar y comer en nuestra casa, (en nuestra vida interior)
“Mira, yo estoy a la puerta llamando; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré y cenaré con él, y él conmigo”, (Apocalipsis.3,20), es decir comulgará con Jesús, una común unión, porque estarán de acuerdo, en la conversación, Jesús le dirá que eso está mal y él dirá, “es cierto, he faltado contra ti. Me arrepiento, te pido perdón, y cambiará mi vida desde ahora”.

“Si alguno oye mi voz”, dijo.
“Dichoso el que escucha su voz, y hace lo que le dice”.

Pero la muchedumbre, nos tapa la visión espiritual para poder ver a Jesús, esas cosas del mundo, el estudio más el exceso de trabajo, el deporte, que nos agobia, que ocupa todo el tiempo de nuestra vida, que no nos permite un tiempo de silencio ni paz en nuestras almas, como para estar dispuestos para escuchar a Jesús que llama a nuestro corazón, a cada uno por diferentes motivos.
Él nos quiere salvar de las cosas que nos tiene aprisionados, y que no nos permite llevar una vida libre de espíritu, para estar abierto a los demás para amar, como Él nos ha amado.-

La parábola de Zaqueo es para enseñarnos, que debemos hacer una pausa en nuestro diario trajinar, subir “alto” como él, para verle, percibir su voz y decir:

Espera...
---¡Alguien llama a mi puerta!.

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